28 may. 2012

Yacimientos, los telescopios de la isla indígena

Juanjo Jiménez. La Provincia. Casi a diario los restos rescatados de los antiguos canarios, casi 500 años después de su destrucción durante y tras la Conquista, continúan añadiendo pixeles a la gran foto de la sociedad prehispánica



Gran Canaria, siglo XIV, a vista de cernícalo es una sucesión de humaceras ascendiendo de los bordes de barrancos, de hilos de aguas que, con mayor o menor fuerza, bajan continuos todo el año. Son cultivos de granos antiguos peinados por las brisas del sureste; o sucesiones de hileras en capas en las que alternan auténticas urbanizaciones de casas de piedra seca con las cuevas naturales que ofrecen los pretiles, como ocurre en Gáldar.

Gran Canaria, siglo XIV, es un abigarrado entramado social organizado alrededor de las fuentes de agua, conectado por caminos que cortan de Norte a Sur la isla por la Trasierra cumbrera, por los que bajan y suben con densidad de acera contemporánea centenares de canarios cargados de vitualla o descargados de visita a un pariente.

Gran Canaria, siglo XIV, no son las toscas muertas ni primitivas que aparenta un yacimiento, sino un potente guineo de trajines, económicos, sociales y religiosos que esos mismos restos arqueológicos están sacando a la luz cada vez con mayor precisión, incrementando exponencialmente la complejidad de una sociedad única, arrasada de un tajo en apenas 100 años.

En ese proceso de torpe desmantelamiento de una cultura de unos 2.000 años de antigüedad se incluyó la rotura sistemática de sus infraestructuras, de sus casas, sobre las que se construyeron las nuevas, de sus albercas y acequias inverosímiles colgadas de los riscos, de sus terrazas de cultivos.

Unas veces para reutilizarlas cambiándoles la morfología, como ocurrió en Gáldar cuando se ocuparon los retales del Palacio del Guanartemato, forrado de madera, para realizar sobre el solar el culto al nuevo santo y otras con ira conquistadora como la entrada del obispo Juan de Frías con el capitán Pedro Hernández Cabrón por las Tirajanas con el obcecado afán de aniquilar personas y santuarios.

Solo dos son las formas de reconstruir lo desastrado. Tirando de crónicas, con la carga de subjetividad de quien monopoliza la escritura, y por la brocha de limpiar de los arqueólogos y cuyas aportaciones, a partir de lo que a primera vista para un profano solo es un terregal salpicado de teniques, o un refugio de cabras excavado en la hondura de un risco, van incorporando pixeles a la gran foto de la Gran Canaria prehispánica, un retrato gigante que poco a poco rompe con la mirada interesada del vencedor para alongarnos a una cultura que se las compuso para sobrevivir y prosperar tras su arribada, con solo lo puesto, desde las costas de África.

José de León Hernández, arqueólogo e inspector de Patrimonio del Cabildo, asegura que cuando los castellanos pisaron la isla "se encontraron la del pulpo". Eran "poblados abigarrados, con una enorme ocupación, con albarradas cerrando bancales de cultivos, albercones de agua y una distribución de población en la isla compuesta por una quincena de guayratos -o comarcas-, cada uno de ellos con personalidad propia en la que los yacimientos van mostrando dónde y cómo enterraban a sus difuntos, la distribución de sus núcleos urbanos, siempre siguiendo una pauta de continuidad". Pero, ¿cómo es posible ofrecer una imagen de la vida cotidiana que abarque tantos aspectos distintos?

Valentín Barroso, también arqueólogo y director de la empresa especializada ArqueoCanarias, sentencia categórica que Gran Canaria es, con diferencia, la isla que no solo atesora un mayor número de yacimientos, sino que éstos comprenden elementos que no se encuentran en el resto de la Comunidad.

Son las cuevas decoradas, como la de Acusa y sus pinturas rupestres, o una cerámica más evolucionada y en ocasiones pigmentada, que contrasta con la sobriedad de sus vecinas. Los matices superpuestos permiten entonces ir escalando en la profundidad del tiempo, como lo haría un telescopio cuyo espejo se va perfeccionando, diseccionando aún más la nebulosa que dejó tras sí el destrozo de la Conquista.

Juncos y solsticios

"Alterarlos es dejarnos amnésicos", se advierte en la Guía del Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria, el vademécum de los yacimientos insulares, en la que se ofrece una selección de un centenar de ellos con una información apabullante.

Su lectura -a pie de indicios- es un viaje emotivo que reinventa la percepción de los canarios con decenas de modalidades para confeccionar tejidos, descubrir dónde se hallaron los juncos majados para hacer colchones, o las puertas y vigas de madera; es recrear sus tragedias, como los restos de recién nacidos del Poblado de Cendro, que apuntan a un infanticidio femenino, precursor de un control de la natalidad que no es ajeno a este siglo XXI; los grabados alfabéticos líbico-bereberes de la cueva de Los Candiles; el ingenio para hacer de unas cuevas naturales fortificaciones imposibles, como en Amurga, u organizar complejas geologías, hoy en perfecto estado de revista en el Cenobio de Valerón. O elementos más intrigantes aún, como en Risco Caído, con la construcción de unas potentes bóvedas "donde jugar con el solsticio de verano", apunta Larry Álvarez, consejero insular de Patrimonio Histórico.

Álvarez se ha propuesto, "y a ver si lo conseguimos entre todos de una vez", impulsar el funcionamiento de este "tesoro que nos ilustra de dónde venimos". "Los yacimientos están vivos", añade, "y tan vivos que en Gáldar se están realizando descubrimientos que pueden dar una sorpresa y revisar las fechas hasta hoy establecidas".

De momento el Cabildo ha adjudicado por 55.000 euros la protección de un grupo de yacimientos a una empresa. Y otros, como el Maipez de Agaete; Arteara, en San Bartolomé de Tirajana; Bentayga en Tejeda; La Fortaleza, en Santa Lucía; y Balos, en Agüimes, serán potenciados, bien abriendo, o reabriendo según casos, sus centros de interpretación. Como ejemplo, La Fortaleza recibirá 100.000 euros para equipamiento, y Balos 48.000. "Porque no solo se debe lograr que los canarios nos sintamos orgullosos de nuestra historia, y que el turista la disfrute, sino creer en ella también como una importante fuente de creación de riqueza y empleo".

22 may. 2012

La codificación gráfica del bereber: situación actual y desafíos.

Resumen de una comunicación del prestigioso lingüista y profesor amazigh Salem Chaker*  sobre los intentos de imponer el alfabeto árabe como grafía para representar la lengua amazigh en Argelia. Además reflexiona sobre la decisión del estado marroquí en optar por el NeoTifinagh del IRCAM para la enseñanza y representación de la tamazight en el reino vecino.




Salem Chaker*. Desde hace décadas, vemos volver al debate público - político y académico – de manera cíclica la misma controversia sobre la cuestión de la grafía usual de la lengua amazighe: ¿se debería usar la grafía latina, la árabe o el tifinagh? Pseudodebate totalmente predeterminado por las opciones ideológicas, y en definitiva por la instancia política: este ha sido el caso de Marruecos con la adopción sorpresa del Neo-Tifinagh por el IRCAM en 2002, es el caso de Argelia con los que querían imponer la grafía árabe. Para contextualizar el debate, se recuerda que después de la Tafsust imazighen, es decir, la Primavera Amazigh de 1980, el FLN –partido que acapara el poder en Argelia- y el presidente Chadli declaraba ya: “Sí a la enseñanza del bereber, a condición que sea escrito en letras árabes”. Esta idea es además vieja y emana de principios fuertemente marcados por la ideología arabista (forma más islamista) y en general al entorno próximo a los dirigentes del estado argelino.

Para todos los berberistas serios, por lo menos los que han investigado este tema desde hace tiempo la respuesta no ofrece dudas. Por mi parte, yo me he explicado desde hace más de treinta años: una difusión extensa del amazighe pasa necesariamente por la grafía latina ya que:

-Lo esencial de la documentación científica es disponible en grafía latina

-Un trabajo significativo del desarrollo de esta grafía se llevó a cabo durante el siglo XX.

-El grueso de la producción destinada al gran público (revistas asociativas, producción literaria…) en el Africa del Norte como en Europa utiliza este alfabeto.

Volviendo específicamente al debate que se está tratando de revivir con regularidad. Notese en primer lugar que generalmente la ciencia y la Universidad moviliza los saberes de lingüistas en cuanto a la relación puramente convencional entre una lengua y su representación gráfica. Sin embargo, algunos historiadores hacen hincapié sobre la existencia de las tradiciones antiguas de grafías árabes del amazighe, incluso el sociólogo de la educación y de la cultura nos recuerda que la mayoría de la población –norteafricana- usa el alfabeto árabe. Todo ello para defender en última instancia una escritura en la grafía árabe. Ocultan, por supuesto, el hecho de que los textos amazighes escritos en árabe bien atestiguados desde la alta Edad Media:

-Fueron de dominio literarios muy restringidos.

-Que nunca han dado lugar a una verdadera codificación gráfica del amazighe.

-Que los estudios recientes muestran que se tratan más de ayuda a la memoria para una la transmisión oral que prevalece en la cultura amazigh. Además estos textos en árabe son difícilmente traducibles, tanto los más antiguos como los recientes. 


Ocultan, por supuesto, también el hecho de que el alfabeto latino es también muy extendido por el Norte de África.




Al nivel de abstracción histórica, sabemos que cualquier idioma, sin perjuicio de las modificaciones más o menos importantes, puede ser representado por cualquier sistema de escritura. Esta es la razón por las que las escrituras han viajado, han sido tomados y adaptados de nación a nación, de lengua a lengua: el alfabeto latino en francés no es el de Roma, ni el alemán, ni el de las lenguas escandinavas o la República Checa. En la misma medida que el alfabeto árabe del persa, el turco y otros de Asia Central no es el de árabe clásico. Del mismo modo, en menos de un siglo, algunos idiomas de Asia Central fueron escritos en alfabeto árabe, en latín e incluso cirílico. Por consiguiente, es evidente que el amazighe, como cualquier lenguaje, puede ser escrito en japonés o en cirílico. Pero más allá de estas consideraciones abstractas y la teoría potencial, una escritura común, precisamente por esta capacidad se desarrolla en un contexto histórico y un entorno socio-cultural específico, no sólo en las oficinas de los lingüistas y gramáticos. Ya sea por la ignorancia real o fingida, se esconde en todos los casos el hecho que desde hace un siglo, un trabajo de reflexión sobre la notación usual en base latina, directamente inspirada por la investigación universitaria sobre el amazighe que ha permitido avances significativos. Iniciado y acompañado por universitarios, por profesionales del amazighe, ampliamente apoyado por el movimiento asociativo, este trabajo sobre la grafía usual en base latina ha conocido mejoramientos progresivos y simplificaciones que han dado lugar a una escritura funcional, razonada y sensible a todas las variantes del amazighe. Representación fonológica, y el control explícito de la segmentación hacen de la grafía usual latina una verdadera escritura amazighe, generalizable a todo su dominio.




Volver la espalda a un siglo de uso social activo de la grafía de base latina para imponer el alfabeto árabe no podría más que acarrear graves problemas, ralentizar y bloquear el proceso de difusión de la escritura. En cuanto a razones prácticas en primer lugar; sólo la notación latina ha hecho un proceso de codificación y de adaptación a las particularidades del amazighe. Utilizar otro alfabeto supondría lanzar un complejo y lento trabajo de maduración, ya largamente adoptado por los productores sobre el terreno, entre ellos los escritores. Muy concretamente, una grafía árabe para el amazighe sería una regresión severa en el proceso de codificación y difusión de la escritura. Derivaría forzosamente en unas notaciones de tipo fonéticas y fuertemente dialectizadas en una segmentación aleatoria y no explícita y no permite la lectura sin vocalización. Ya que ningún otro proceso de codificación se ha generado jamás a partir del alfabeto árabe, tendría –suponiendo la buena voluntad y unas intensiones generosas- serias dificultades para superar los obstáculos de la tradición arabista para construir a partir de esta escritura una representación coherente y eficaz del amazighe. Pero también por razones simbólicas: nos guste o no, el resurgimiento de la lengua amazighe se ha llevado a cabo a lo largo del siglo XX contra la ideología arabo-islámica dominante y, por consiguiente, fuera del cuadro cultural arabo-islámico. Es la abertura sobre el mundo y sobre el Occidente quien ha dado a los bereberes y a la lengua amazighe las herramientas de su afirmación y de su existencia. Querer imponer al amazighe el hábito del alfabeto árabe traiciona explícitamente una voluntad haciendo regresar al seno de la familia arabo-musulmán para ahogarla. En realidad, se trata de una máquina de guerra contra el amazighe, que se emplea cuando se vuelve imposible oponerse, sobre el principio de su reconocimiento a su desarrollo y a su generalización. Entonces proponen el problema “técnico” del alfabeto, en un intento de destruir los logros y orientar la vía de la escritura y la enseñanza hacia un callejón sin salida asegurado hacia el aislamiento y o la folclorización. 




Es esto lo que se confirma en Marruecos con la elección del Neo-Tifinagh. Es esto lo que ocurrirá en Argelia si el alfabeto árabe viene por desgracia a ser impuesto. En el fondo esto es en todo caso, aun cuando los argumentos son obviamente muy diferentes, bloquear cualquier posibilidad de desarrollo real de la lengua amazighe, de neutralizarla mediante la imposición de una camisa de fuerza funcional que condena a una simple función emblemática (para el Neo-Tifinagh) o el rechazo y la alienación de la propia gente (para el alfabeto árabe) en una palabra, se bloquea el bereber en la insignificancia. Aquí nos encontramos con una muy arraigada práctica de los estados norteafricanos, la estrategia de la neutralización y domesticación de las élites, de todos los actores y factores sociales y culturales no controlados… En este caso se expresaría en "reducir al león Bereber a un dulce cordero con su balido", integrado en el aparato del Estado y en la ideología dominante.



*Salem Chaker es profesor de Tamazight en la Universidad de Provence (Francia) y miembro del INALCO. El texto es un extracto del comunicado enviado al Coloquio sobre la estandarización de la Tamazight organizado por HCA (Alto Comisariado de la Amazighidad) en Boumerdès (Argelia) año 2010. “La Codificación gráfica del bereber: Situación actual ydesafíos". Texto traducido por IẒURAN